Calienta una olla amplia de fondo grueso a fuego medio. Añade una parte del millo, tapa y mueve la olla con cuidado para que los granos no se quemen. Cuando los estallidos se separen varios segundos, retira el millo reventado y repite con el resto. Reserva.
Pon el coco rallado en una sartén seca a fuego bajo y remueve durante 3 a 5 minutos, hasta que esté seco y apenas dorado. Retíralo de inmediato para que el calor residual no lo oscurezca.
Coloca la panela y el agua en una olla pequeña. Cocina a fuego medio hasta que hierva, se vea espesa y alcance entre 118 y 120 °C. Sin termómetro, comprueba que una gota en agua fría forme una bolita firme y moldeable.
Retira el almíbar del fuego y agrega de inmediato el millo reventado y el coco tostado. Mezcla con una espátula resistente hasta que todos los granos queden cubiertos y unidos por la panela.
Engrasa ligeramente una bandeja y tus manos. Toma porciones de la mezcla todavía caliente, compacta cada una y aplánala hasta formar discos de unos 7 cm de diámetro. Trabaja con rapidez y vuelve a aceitarte las manos si la mezcla comienza a pegarse.
Deja las alegrías sobre la bandeja durante unos 20 minutos, o hasta que estén frías, firmes y crujientes. No las guardes mientras conserven calor, porque el vapor atrapado puede ablandarlas.