Vierte el agua tibia en un recipiente amplio y disuelve la sal. Agrega la harina poco a poco mientras mezclas con la mano o una cuchara. Incorpora la mantequilla derretida y amasa durante dos minutos, hasta que la masa quede suave, uniforme y flexible.
Cubre la masa y déjala reposar durante cinco minutos para que la harina termine de hidratarse. Vuelve a amasar brevemente y comprueba la textura: debe mantenerse unida, sin pegarse a las manos ni abrirse en los bordes.
Divide la masa en cuatro porciones iguales. Forma bolas y aplástalas entre las palmas hasta obtener discos de unos 12 cm de diámetro y 1,5 cm de grosor. Alisa los bordes con los dedos húmedos para cerrar cualquier grieta.
Calienta una sartén pesada o una plancha a fuego medio y úntala con el aceite. Cocina las arepas durante seis u ocho minutos por el primer lado y seis u ocho minutos por el segundo, volteándolas cuando la superficie esté firme y dorada. Si se colorean demasiado rápido, baja el fuego a medio bajo.
Retira las arepas cuando estén doradas, secas en la superficie y firmes en los bordes, pero todavía tiernas al presionarlas. Déjalas reposar dos minutos y sírvelas calientes con mantequilla, queso fresco, huevos u otro acompañamiento.