Engrasa y enharina un molde rectangular de 21 x 11 cm. Precalienta el horno a 175 °C, con calor arriba y abajo, y coloca la rejilla en la posición central.
Bate las yemas con los 150 g de azúcar durante 3 a 4 minutos, hasta que la mezcla se vea más clara y cremosa. Este batido ayuda a formar una base aireada para la miga.
Añade el aceite en un hilo fino y luego incorpora la leche, los 70 ml de zumo y la ralladura. Mezcla hasta que no se vean vetas de líquido, sin batir más de lo necesario.
Tamiza la harina, el polvo de hornear y la sal sobre la mezcla líquida. Incorpóralos con una espátula o varillas a velocidad baja, solo hasta que desaparezca la harina.
Bate las claras hasta obtener picos firmes y brillantes. Incorpora primero un tercio para aligerar la masa y luego el resto con movimientos envolventes, deteniéndote cuando no queden zonas blancas.
Vierte la masa en el molde y hornea durante 45 a 50 minutos. Estará listo cuando la superficie esté dorada, el centro recupere su forma al tocarlo y un palillo salga con algunas migas húmedas.
Deja el bizcocho 10 minutos dentro del molde y luego pásalo a una rejilla para que se enfríe por completo. No lo glasees mientras conserve calor, porque la cobertura se derretirá.
Pon el agua y los 150 g de azúcar en una sartén amplia. Cuando el almíbar hierva, añade las rodajas de naranja y cocínalas a fuego medio durante 13 minutos, hasta que la piel se vea translúcida y las rodajas estén tiernas. Escúrrelas sobre una rejilla.
Mezcla el azúcar glas con el zumo de naranja, agregándolo poco a poco, hasta obtener una cobertura espesa pero extendible. Viértela sobre el bizcocho frío y alísala con una espátula.
Coloca las rodajas de naranja confitada sobre el glaseado y deja reposar el bizcocho entre 20 y 30 minutos, hasta que la superficie ya no se pegue al tocarla suavemente.