Lava el maíz y déjalo en un recipiente cubierto con el agua durante 12 a 18 horas, hasta que el grano se pueda partir con facilidad entre los dedos.
Escurre muy bien el maíz y muélelo hasta obtener una masa fina. Añade poco a poco el agua tibia necesaria para que la masa quede húmeda, moldeable y sin grumos grandes.
Integra la sal y amasa durante unos minutos. Deja reposar la masa 30 minutos para que la humedad se distribuya; debe sostenerse al apretarla sin gotear ni agrietarse.
Lava las hojas y pásalas por agua caliente o por una llama suave durante unos segundos, hasta que se vuelvan flexibles. Sécalas con un paño limpio.
Coloca aproximadamente 100 g de masa en cada hoja y forma un cilindro corto y compacto. Dobla los extremos y los lados para cerrar el paquete, y átalo con pita de cocina sin apretarlo demasiado.
Acomoda los bollos en una vaporera sobre agua hirviendo, sin que el agua toque los paquetes. Tapa y cocina durante 60 a 75 minutos, revisando que la olla conserve suficiente agua.
Abre un bollo para comprobar que la masa esté firme, uniforme y no se pegue en exceso a la hoja. Retira los bollos, déjalos reposar 5 minutos y sírvelos calientes o tibios.