Seca la carne con papel, frótala por todos sus lados con la sal gruesa y colócala en un recipiente tapado. Refrigérala entre 8 y 12 horas; la superficie debe verse ligeramente húmeda y la pieza debe haber tomado un color más intenso.
Enjuaga la carne bajo agua fría para retirar la sal superficial y déjala en un recipiente con agua limpia durante 30 minutos. Escúrrela, sécala muy bien y córtala en trozos gruesos o tiras de unos 2 cm; si aún sabe demasiado salada, cambia el agua y remójala 15 minutos más.
Pon la mandioca en una olla con agua fría y cuécela a fuego medio durante 20 a 25 minutos, hasta que el tenedor entre con facilidad pero los trozos no se deshagan. Escúrrela y reserva 2 cucharadas del agua de cocción.
Calienta 15 ml de aceite en una sartén amplia a fuego medio-alto. Añade la carne seca y dórala durante 3 o 4 minutos por lado, trabajando en tandas si es necesario. Retírala cuando tenga una costra tostada y el centro todavía se sienta firme y jugoso.
Baja el fuego a medio y agrega la mantequilla, la cebolla y el ajo a la misma sartén. Cocina de 4 a 5 minutos, removiendo, hasta que la cebolla esté blanda y pierda el olor crudo y el ajo resulte fragante sin llegar a quemarse.
Devuelve la carne a la sartén, añade la pimienta y mezcla durante 1 minuto para que se impregne con la mantequilla y la cebolla. Calienta la mandioca con el aceite restante y, si está seca, incorpora el agua reservada; sirve todo junto con jugo de limón y cilantro.