Pela la yuca, retira la fibra central gruesa y rállala por el lado fino del rallador hasta obtener una pulpa húmeda y uniforme.
Coloca la yuca rallada en una tela limpia o en un colador resistente y exprímela con fuerza hasta que deje de gotear; desmenuza la pulpa seca con los dedos y mezcla la sal si la vas a usar.
Calienta una sartén antiadherente o una plancha de fondo grueso a fuego medio-bajo, sin aceite, durante unos minutos.
Divide la pulpa en 6 porciones y coloca una porción en la sartén; extiéndela con una espátula hasta formar un disco de unos 15 cm de diámetro y 3 mm de grosor, presionando para que no queden zonas gruesas.
Cocina el disco de 8 a 10 minutos, hasta que la superficie se vea seca, los bordes se despeguen y la parte inferior esté apenas dorada.
Voltea con una espátula ancha y cocina de 6 a 8 minutos más, hasta que el segundo lado esté seco y el centro se sienta firme al presionarlo.
Pasa el casabe a una rejilla y déjalo enfriar 5 minutos para que termine de endurecer; repite el proceso con el resto de la pulpa.