Lava el maíz y déjalo en remojo con 1,5 litros de agua durante 12 horas. Al día siguiente, escúrrelo y enjuágalo una vez más.
Pon el maíz en una olla grande con 2 litros de agua, la canela y los clavos. Cocina a fuego medio-bajo entre 1 hora 45 minutos y 2 horas, con la olla parcialmente tapada, hasta que algunos granos se abran y todos puedan aplastarse con facilidad. Retira las especias.
Deja reposar el maíz 10 minutos. Tritúralo por tandas con parte del líquido de cocción hasta obtener una mezcla espesa y uniforme. Pásala por un colador grueso, presionando con una cuchara para extraer el almidón, y desecha las fibras duras.
Devuelve el líquido colado a la olla y añade la panela, la sal y el agua reservada poco a poco, hasta lograr una bebida ligeramente espesa, no una crema. Calienta solo lo necesario para disolver la panela y deja enfriar por completo.
Pasa la chicha fría a un recipiente de vidrio o plástico apto para alimentos. Cubre la boca con una tela limpia o deja la tapa apenas apoyada y déjala a temperatura ambiente durante 24 horas, lejos del sol. Deben aparecer algunas burbujas y un aroma suave, dulce y ligeramente ácido.
Remueve la chicha, prueba y ajusta el dulzor si hace falta. Refrigérala durante al menos 2 horas y sírvela fría. Si la quieres más ácida, prolonga la fermentación hasta 48 horas, revisándola cada 12 horas.