Coloca las chuletas entre dos láminas de plástico y aplánalas hasta que tengan unos 6 mm de grosor. Mezcla el ajo, el jugo de limón, la mostaza, el comino, la mitad de la sal y la pimienta; cubre la carne y déjala reposar 30 minutos en el refrigerador.
Retira las chuletas de la marinada y sécalas ligeramente con papel de cocina. Dispón la harina, los huevos batidos y la miga de pan en tres platos separados. Pasa cada chuleta por harina, sacude el exceso, cúbrela con huevo y presiona la miga por ambos lados.
Coloca las chuletas apanadas sobre una bandeja y refrigéralas 10 minutos. Este reposo ayuda a que la miga se adhiera y evita que se desprenda al entrar en el aceite.
Calienta el aceite en una sartén amplia a fuego medio hasta alcanzar aproximadamente 175 °C. Si no tienes termómetro, una miga de pan debe burbujear de inmediato sin quemarse.
Fríe las chuletas en tandas de 2, aproximadamente 3 minutos por cada lado, hasta que el apanado esté dorado y firme y la carne esté completamente cocida. Ajusta el fuego si la cubierta se oscurece demasiado rápido.
Retira las chuletas y déjalas escurrir sobre una rejilla durante 2 minutos. Sírvelas calientes para que la costra conserve su crujiente.