Mezcla el ajo, el vinagre, el jugo de limón, la sal, el orégano y la pimienta en un recipiente.
Haz cortes superficiales en la piel y la grasa sin llegar a la carne. Unta las chuletas con el adobo, cúbrelas y déjalas reposar en el refrigerador entre 30 minutos y 1 hora.
Saca las chuletas del refrigerador 20 minutos antes de cocinarlas y precalienta el horno a 180 °C.
Seca la piel con papel de cocina. Coloca las chuletas con la piel hacia abajo en una sartén grande apta para horno y fría. Cocina a fuego medio-bajo de 8 a 10 minutos, hasta que la grasa se haya fundido y la piel esté dorada.
Sube el fuego a medio y dora las chuletas por el lado de la carne durante 2 minutos. Voltea y dora brevemente el otro lado; retira el exceso de grasa si la sartén está muy llena.
Añade el agua por un borde de la sartén, sin mojar la piel, y lleva al horno entre 15 y 20 minutos, hasta que la parte más gruesa alcance entre 63 y 68 °C.
Retira las chuletas del horno, déjalas reposar 5 minutos con la piel hacia arriba y sírvelas calientes.