Cocina la pechuga en agua o caldo hasta que esté completamente blanca en el centro y se deshaga con un tenedor, aproximadamente 15 minutos. Déjala reposar hasta que puedas manipularla y desméchala en hebras pequeñas.
Calienta los 15 ml de aceite en una sartén a fuego medio. Sofríe la cebolla durante 4 minutos, hasta que pierda el olor crudo y se vea translúcida. Añade el ajo y cocina 30 segundos, sin dejar que tome color. Incorpora el tomate, la sal y la pimienta y cocina 5 minutos, hasta que el tomate se reduzca. Agrega el pollo, el queso crema y el perejil, mezcla hasta obtener un relleno unido y cocina 2 minutos más. Pasa a un recipiente y deja enfriar por completo.
Pon el caldo, la leche y la mantequilla en una olla amplia y calienta hasta que la mantequilla se derrita y la mezcla comience a humear. Añade la harina de una sola vez y remueve con una cuchara firme. Cocina a fuego medio durante 3 a 5 minutos, hasta que la masa se despegue de las paredes y forme una bola lisa.
Pasa la masa a una superficie limpia y deja que repose 5 minutos, hasta que esté tibia y puedas tocarla. Amásala durante 2 minutos para alisarla y divídela en 16 porciones iguales.
Aplana una porción de masa en la palma, coloca aproximadamente una cucharada de relleno en el centro y cierra la masa alrededor. Presiona la unión y afina la parte superior para darle la forma característica de gota. Repite con el resto.
Pasa cada coxinha por el huevo batido y luego por el pan rallado, cubriendo toda la superficie. Sacude el exceso y colócalas sobre una bandeja sin apilarlas.
Calienta el litro de aceite a 170 o 175 °C. Fríe las coxinhas en tandas de 4 o 5 durante 3 a 4 minutos, girándolas con cuidado, hasta que estén doradas y crujientes. Retíralas sobre papel absorbente y deja que reposen 2 minutos antes de servir.