Precalienta el horno a 180 °C con calor arriba y abajo. Coloca 8 cápsulas de papel en un molde para cupcakes y mide todos los ingredientes.
Tamiza la harina, el cacao y el polvo de hornear en un recipiente. Mézclalos hasta que el color sea uniforme y no queden grumos de cacao.
Bate los 60 g de mantequilla blanda con el azúcar durante 2 minutos, hasta que la mezcla se vea cremosa y algo más pálida.
Añade el huevo a temperatura ambiente y bate hasta integrarlo. Si la mezcla parece ligeramente cortada, continúa batiendo unos segundos antes de añadir los secos.
Incorpora los ingredientes secos en dos o tres adiciones, alternándolos con los 60 ml de leche. Mezcla solo hasta que no veas vetas de harina; la masa debe caer lentamente de la cuchara.
Reparte la masa entre las 8 cápsulas, llenándolas hasta dos tercios de su capacidad para dejar espacio a la subida.
Hornea durante 18 a 20 minutos, hasta que la superficie recupere lentamente su forma al tocarla y un palillo salga con migas húmedas, no con masa líquida. Déjalos reposar 5 minutos dentro del molde.
Pasa los cupcakes a una rejilla y déjalos enfriar por completo. La base debe estar fría al tacto antes de añadir la buttercream.
Bate los 65 g de mantequilla blanda hasta que estén lisos. Añade el azúcar glass en dos tandas y agrega la leche poco a poco, batiendo hasta obtener una crema pálida, aireada y firme.
Estira el fondant de fresa hasta unos 3 mm de grosor y corta 8 corazones pequeños. Déjalos reposar sobre una superficie seca mientras terminas la decoración.
Extiende o escudilla una porción de buttercream sobre cada cupcake. Termina con el azúcar en forma de corazón y coloca un corazón de fondant en el centro.