Precalienta el horno a 175 °C. Coloca 12 capacillos en un molde para cupcakes y deja listo un segundo juego de capacillos para el montaje en frío.
Bate los huevos con el azúcar durante 1 minuto, hasta que la mezcla se vea uniforme. Incorpora el aceite, la leche y la vainilla; no hace falta montar los huevos.
Tamiza la harina, el cacao y el polvo de hornear sobre la mezcla líquida. Integra con batidor de mano o espátula hasta que no queden zonas secas; detente en cuanto la masa esté lisa.
Reparte la masa en los 12 capacillos, llenándolos hasta un tercio de su capacidad. Hornea de 15 a 18 minutos, hasta que un palillo salga con algunas migas húmedas y la superficie recupere lentamente su forma al tocarla.
Deja reposar los bizcochos 5 minutos en el molde y luego pásalos a una rejilla hasta que estén completamente fríos. Retira la parte abombada y corta cada base para obtener discos de aproximadamente 1 cm de grosor.
Coloca capacillos nuevos en el molde y acomoda un disco de bizcocho en el fondo de cada uno. Presiona apenas para que quede nivelado, sin compactarlo demasiado.
Deja el helado fuera del congelador entre 5 y 10 minutos, hasta que pueda extenderse sin estar líquido. Reparte aproximadamente 50 g en cada molde y alisa la superficie con una cuchara.
Cubre el molde y congela durante al menos 4 horas, hasta que el helado esté firme y no se hunda al presionarlo suavemente.
Bate la crema fría con el azúcar pulverizada hasta obtener picos firmes y lisos. Desmolda los cupcakes fríos, retira los capacillos usados y decora cada uno con manga y boquilla rizada.
Añade las chispas de colores y los trozos de wafer justo antes de servir. Si están demasiado duros, déjalos reposar entre 3 y 5 minutos a temperatura ambiente para que el helado ceda un poco sin derretirse.