Lava, pela y retira las semillas de la calabaza. Corta la pulpa en cubos de tamaño parecido y pésala para confirmar que tienes 1 kg.
Coloca la calabaza y el azúcar en un cazo amplio. Tapa y cocina a fuego medio durante 15 minutos, removiendo una o dos veces, hasta que la pulpa esté tierna y haya soltado líquido.
Destapa y continúa la cocción a fuego medio-bajo durante 20 a 30 minutos, removiendo con frecuencia para que no se pegue. La mezcla estará lista cuando el líquido se haya reducido y la espátula deje un camino visible en el fondo.
Retira el cazo del fuego y tritura la calabaza con una batidora de mano o un pasapurés hasta obtener una mezcla lisa. Si usas batidora, trabaja con cuidado porque el puré estará muy caliente.
Pon la gelatina sobre el agua fría en un recipiente pequeño y déjala reposar durante 5 minutos, hasta que absorba el líquido y forme una pasta blanda.
Calienta la gelatina hidratada durante unos segundos en el microondas o al baño María, solo hasta que se disuelva. Incorpórala al puré caliente y remueve hasta que no queden vetas ni grumos; no dejes que la gelatina hierva.
Forra un molde de 20 x 10 cm con papel film, dejando sobrantes en los bordes. Vierte el dulce, alisa la superficie y cubre con el mismo film o con una tapa.
Refrigera durante al menos 8 horas, preferiblemente toda la noche, hasta que el dulce esté firme en el centro y se despegue ligeramente de las paredes.
Retira el film de la superficie, levanta el dulce usando los sobrantes del papel y colócalo sobre una tabla. Córtalo en rebanadas o cubos con un cuchillo liso ligeramente humedecido.