Coloca las pasas y las frutas confitadas en un bol con el agua tibia durante 10 minutos. Escúrrelas muy bien y sécalas con papel de cocina para que no aporten humedad excesiva a la masa.
Mezcla la leche tibia con la levadura seca y la miel. Cubre el bol y deja reposar 10 minutos, hasta que aparezca una espuma fina en la superficie.
Bate la mantequilla blanda con el azúcar durante 2 minutos. Añade los huevos uno a uno, incorporando el siguiente cuando el anterior se haya integrado, y agrega la vainilla. Incorpora la mezcla de levadura, la harina y la sal hasta obtener una masa blanda y ligeramente pegajosa.
Añade las pasas, las frutas confitadas y las nueces. Amasa o mezcla durante 3 minutos, hasta que las inclusiones queden repartidas y la masa se vea más lisa. Evita agregar harina de más, porque endurecerá el pan.
Cubre el bol y deja levar la masa durante 60 minutos en un lugar tibio, hasta que aumente claramente de volumen. El tiempo puede variar según la temperatura de la cocina.
Divide la masa en dos partes iguales y colócalas en dos moldes de papel de aproximadamente 500 g. Alisa la superficie con las manos ligeramente engrasadas y deja levar 20 minutos más, hasta que la masa se acerque a los dos tercios de la altura del molde.
Calienta el horno a 175 °C. Pincela la superficie con la yema batida y hornea durante 35 a 45 minutos, hasta que estén dorados y un palillo insertado en el centro salga sin masa húmeda. Si se doran demasiado rápido, cúbrelos flojamente con papel de aluminio. Déjalos enfriar por completo sobre una rejilla.
Calienta ligeramente la mermelada y pincela con ella la superficie fría. Mezcla el azúcar glas con el jugo de limón hasta formar un glaseado espeso pero fluido; extiéndelo sobre los panes y termina con las nueces y las cerezas. Espera a que el glaseado se asiente antes de cortar.