Bate la mantequilla blanda con el azúcar durante 2 a 3 minutos, hasta obtener una crema uniforme y algo más clara, sin que llegue a quedar excesivamente aireada.
Añade los huevos de uno en uno, mezclando después de cada incorporación. Agrega la vainilla y continúa hasta que la mezcla se vea homogénea; si parece ligeramente cortada, se integrará al añadir la harina.
Mezcla aparte la harina, el polvo de hornear y la sal. Incorpóralos a la preparación en dos tandas, usando una espátula y deteniéndote apenas desaparezcan las zonas secas.
Integra las chispas de chocolate sin aplastar la masa. Tapa el recipiente y refrigera durante 30 minutos, hasta que la masa esté firme y pueda porcionarse sin pegarse demasiado.
Precalienta el horno a 180 °C y cubre una bandeja con papel para hornear. Forma bolas de unos 30 g, colócalas con separación de 5 cm y aplástalas apenas con la palma.
Hornea durante 10 a 13 minutos, hasta que los bordes estén ligeramente dorados y el centro todavía se vea blando. Si horneas dos bandejas, intercambia sus posiciones a mitad de cocción.
Deja las galletas en la bandeja durante 5 minutos para que terminen de afirmarse. Después pásalas a una rejilla y espera a que se enfríen antes de guardarlas.