Disuelve la levadura y el azúcar en aproximadamente 100 ml del agua tibia. Deja reposar 5 minutos, hasta que aparezca una ligera espuma en la superficie.
Pon la harina en un recipiente amplio, añade la sal y mezcla. Incorpora la levadura disuelta, el aceite y el resto del agua poco a poco, hasta obtener una masa suave y ligeramente pegajosa.
Amasa durante 8 a 10 minutos, a mano o con amasadora, hasta que la masa esté lisa, elástica y se despegue del recipiente. Si está muy seca, añade agua de cucharada en cucharada; evita corregirla con demasiada harina.
Forma una bola, úntala con unas gotas de aceite, cúbrela y deja reposar entre 60 y 75 minutos, hasta que aumente aproximadamente una vez y media su volumen.
Pasa la masa a la mesa y divídela en 24 porciones. Puedes dejar algunas naturales y mezclar el orégano o las semillas de sésamo en otras porciones, presionando suavemente para repartirlas.
Rueda cada porción con las manos hasta formar un palito de unos 25 cm de largo y entre 6 y 8 mm de grosor. No busques que todos queden idénticos, pero conserva un grosor parecido para que se horneen al mismo tiempo.
Coloca los grissini en dos bandejas con papel de hornear, dejando espacio entre ellos. Cúbrelos con un paño y déjalos reposar 20 minutos mientras calientas el horno a 200 °C.
Pincela los palitos con un poco de aceite y hornéalos durante 15 a 18 minutos, cambiando las bandejas de posición a mitad de cocción si tu horno dora de forma irregular. Están listos cuando se vean dorados y firmes, especialmente en las puntas.
Retira los grissini y déjalos enfriar por completo sobre una rejilla. Se vuelven más crujientes al perder calor y humedad, así que no los guardes mientras aún estén tibios.