Cuece los macarrones en abundante agua con sal durante dos minutos menos de lo indicado en el paquete. Escúrrelos bien cuando aún estén firmes al morderlos.
Bate los huevos con la leche, el caldo, la mitad del queso y la sal hasta integrar. No es necesario montar la mezcla; solo busca que el huevo quede bien distribuido.
Precalienta el horno a 190 °C. Unta una refractaria de aproximadamente 20 x 30 cm con la mantequilla y añade los macarrones. Vierte encima la mezcla de huevo y remueve con suavidad para que el líquido se distribuya entre la pasta.
Espolvorea el queso restante sobre la superficie. Sacude ligeramente la fuente para nivelar los macarrones y evitar que queden zonas secas.
Hornea en la rejilla central durante 22 a 28 minutos, hasta que el centro esté cuajado y la superficie dorada. Si el queso toma color demasiado pronto, cubre la fuente de manera suelta con papel de aluminio.
Deja reposar los macarrones durante cinco minutos antes de servir. El reposo permite que la mezcla termine de asentarse y que las porciones mantengan mejor su forma.