Precalienta el horno a 180 °C con calor arriba y abajo. Coloca cápsulas de papel en un molde para 12 magdalenas.
Bate los huevos con el azúcar durante 3 o 4 minutos, hasta que la mezcla se vea más clara y ligeramente espumosa. El azúcar no tiene que desaparecer por completo, pero no deben quedar grumos grandes.
Añade el aceite, la leche y la ralladura de limón. Mezcla a velocidad baja o con varillas manuales hasta que la preparación quede uniforme, sin batir de más.
Tamiza la harina junto con el polvo de hornear sobre la mezcla. Incorpóralos con una espátula, realizando movimientos suaves, hasta que no se vean zonas de harina seca.
Reparte la masa en las 12 cápsulas, llenándolas hasta dos tercios de su capacidad. Si la masa queda en montículos desiguales, nivélala suavemente para que se hornee de manera pareja.
Hornea durante 18 a 22 minutos, hasta que los bordes estén ligeramente dorados y un palillo insertado en el centro salga con algunas migas húmedas. Evita abrir el horno durante los primeros 15 minutos.
Deja las magdalenas 5 minutos dentro del molde y luego pásalas a una rejilla. Deben enfriarse por completo antes de añadir la cobertura.
Calienta la nata hasta que esté bien caliente y aparezcan pequeñas burbujas en el borde, sin dejar que hierva. Viértela sobre el chocolate picado, espera 2 minutos y remueve hasta obtener una crema lisa. Añade la mantequilla y mezcla hasta que se funda.
Deja reposar la cobertura hasta que esté tibia y más espesa. Extiende una porción sobre cada magdalena y espera unos minutos para que se afirme antes de servir.