Bate los huevos con el azúcar durante 3 o 4 minutos, hasta que la mezcla se vea más pálida, espumosa y ligeramente espesa. Este aire será parte de la estructura de las magdalenas.
Añade el aceite en un hilo fino mientras sigues batiendo a velocidad baja. Incorpora después el jugo y la ralladura de limón, mezclando solo hasta repartirlos.
Tamiza la harina sin gluten con la levadura química y agrégala en dos tandas. Mezcla con varillas manuales o espátula hasta obtener una masa lisa, sin bolsas de harina y sin batir más de lo necesario.
Cubre el recipiente y refrigera la masa durante 30 minutos. Mientras tanto, precalienta el horno a 200 °C con calor arriba y abajo y coloca cápsulas de papel en una bandeja para magdalenas.
Remueve la masa suavemente y reparte aproximadamente 55 g en cada cápsula, llenándola hasta tres cuartas partes de su capacidad. Si deseas una costra fina de azúcar, espolvorea una pequeña cantidad por encima.
Hornea durante 15 o 18 minutos, hasta que la superficie esté dorada y el centro recupere su forma al tocarlo. Comprueba con un palillo: debe salir con algunas migas húmedas, pero sin masa líquida.
Deja las magdalenas 10 minutos en la bandeja y luego pásalas a una rejilla. Enfriarlas fuera del molde evita que el vapor humedezca las bases.