Coloca la harina, la levadura, el azúcar y la sal en un bol grande. Agrega el agua tibia y el aceite, y mezcla hasta que no queden partes secas. La masa debe verse húmeda y algo pegajosa, no líquida.
Pasa la masa a una superficie ligeramente enharinada y amasa durante 8 a 10 minutos, hasta que se vea más lisa, elástica y suave. Si se pega demasiado, déjala descansar cinco minutos antes de añadir harina, incorporando solo la necesaria.
Forma una bola, engrasa ligeramente el bol y coloca la masa dentro. Cúbrela y déjala reposar aproximadamente 1 hora en un lugar templado, hasta que aumente casi al doble de su volumen.
Presiona la masa suavemente para retirar el exceso de gas y divídela en dos porciones. Forma dos panes alargados o 10 a 12 bollos, tensando la superficie sin desgarrarla, y colócalos en una bandeja engrasada y enharinada, dejando espacio entre ellos.
Cubre los panes y déjalos reposar 15 minutos mientras precalientas el horno a 200 °C. Deben verse ligeramente inflados, pero conservar su forma.
Pinta la superficie con el huevo batido y hornea durante 28 a 32 minutos, hasta que la corteza esté dorada y la base suene hueca al golpearla suavemente. Si se dora demasiado pronto, cúbrela de manera holgada con papel de aluminio.
Retira los panes de la bandeja y déjalos reposar sobre una rejilla al menos 15 minutos antes de cortarlos. Así la miga termina de asentarse y no queda gomosa.