Disuelve la levadura fresca en el agua tibia y deja reposar 5 minutos. Debe integrarse fácilmente; si el líquido está muy caliente, espera a que se entibie antes de añadirla.
Combina la leche tibia con la mantequilla y la margarina derretidas. Incorpora el huevo y remueve hasta obtener una mezcla uniforme, sin que las grasas estén calientes.
Pon la harina, el azúcar y la sal en un recipiente grande. Agrega la mezcla de levadura y los líquidos, y remueve hasta que no queden zonas secas. La masa debe verse húmeda y algo irregular al principio.
Pasa la masa a una superficie ligeramente enharinada y amasa durante 8 a 10 minutos, hasta que esté lisa, flexible y apenas pegajosa. Añade harina solo de a poco si resulta imposible manejarla.
Forma una bola, colócala en un recipiente ligeramente engrasado y cúbrela. Déjala reposar aproximadamente 60 minutos, hasta que aumente claramente de volumen.
Desgasifica la masa con suavidad y divídela en 8 porciones iguales. Forma bolas tensas, coloca cada una sobre una bandeja con papel de horno y aplánala apenas con la palma.
Cubre los panes y déjalos reposar 30 minutos. Estarán listos cuando se vean hinchados y recuperen lentamente la forma al tocarlos con un dedo.
Calienta el horno a 190 °C. Pinta la superficie de los panes con el huevo batido y reparte las semillas de sésamo sin presionarlas demasiado.
Hornea durante 16 a 20 minutos, hasta que estén dorados por encima y suenen ligeramente huecos al golpear la base. Si se doran demasiado pronto, cúbrelos flojamente con papel de aluminio.
Pasa los panes a una rejilla y déjalos enfriar al menos 10 minutos antes de abrirlos. Este reposo permite que la miga termine de asentarse y evita que se aplaste al cortarla.