Combina las harinas, el azúcar, la levadura y la sal en un recipiente amplio. Distribuye la levadura y la sal por separado al principio para que la sal no entre en contacto directo con un montón de levadura.
Añade el jugo de naranja, 100 ml del agua, el aceite y la ralladura. Mezcla hasta que no queden partes secas y agrega poco a poco el agua restante según la absorción de la harina. La masa debe quedar blanda, no líquida.
Pasa la masa a una superficie ligeramente engrasada y amasa durante 8 a 10 minutos, hasta que se vea más lisa, elástica y capaz de estirarse sin romperse de inmediato. Evita corregir la pegajosidad con demasiada harina.
Forma una bola, colócala en un recipiente ligeramente aceitado y cúbrela. Déjala en un lugar tibio durante 60 a 90 minutos, hasta que aumente aproximadamente al doble de su volumen.
Presiona la masa para sacar el exceso de gas y estírala suavemente en un rectángulo. Reparte las frutas confitadas y las pasas, dobla la masa sobre el relleno y amasa apenas lo necesario para distribuirlo sin desgarrar la masa.
Divide la masa en dos porciones iguales, forma dos bolas tensas y colócalas en moldes de 15 cm de diámetro previamente engrasados y forrados en la base. Cada molde debe quedar lleno como máximo hasta la mitad.
Cubre los moldes y deja reposar la masa entre 45 y 75 minutos, hasta que llegue cerca del borde y la huella de un dedo vuelva lentamente. Mientras tanto, precalienta el horno a 190 °C.
Hornea los dos panes a 190 °C durante 10 minutos. Baja la temperatura a 175 °C y continúa la cocción durante 30 a 35 minutos, hasta que estén dorados y el centro alcance entre 93 y 95 °C. Cubre la superficie con aluminio si se dora demasiado rápido.
Retira los panes de los moldes y déjalos enfriar completamente sobre una rejilla antes de cortarlos. La miga estará más firme y uniforme cuando haya dejado de liberar vapor.