Pon en la licuadora un huevo, el azúcar, el aceite, la levadura, la sal y el agua tibia. Licúa durante 30 a 40 segundos, hasta que la mezcla se vea uniforme y la levadura esté distribuida.
Pasa la mezcla a un bol grande y añade la harina poco a poco, mezclando primero con una cuchara. Cuando espese, amasa con las manos durante 6 a 8 minutos, hasta obtener una masa suave, elástica y apenas pegajosa.
Forma una bola, cúbrela y déjala reposar en un lugar templado durante 45 a 60 minutos, o hasta que aumente casi al doble de su volumen.
Mezcla la mozzarella, el tomate bien escurrido, la pimienta y una pizca de orégano. El relleno debe quedar húmedo, pero sin líquido acumulado en el fondo.
Precalienta el horno a 200 °C. Divide la masa en cuatro partes iguales, estira cada una con las manos hasta formar un disco y coloca una cuarta parte del relleno en el centro, dejando un borde libre.
Lleva los bordes hacia el centro, pellízcalos para sellar la masa y coloca cada pieza con la unión hacia abajo sobre una bandeja forrada. Evita presionar de más para no expulsar todo el aire de la masa.
Bate el huevo reservado y pinta la superficie de los cuatro panecillos. Espolvorea orégano y hornea durante 22 a 25 minutos, hasta que estén dorados por encima y cocidos en la base.
Retira la bandeja y deja reposar los panecillos de 5 a 10 minutos antes de abrirlos, para que la miga se asiente y el queso no esté excesivamente líquido.