Precalienta el horno a 175 °C. Engrasa dos moldes redondos de 20 cm, cubre las bases con papel para hornear y deja los moldes listos antes de mezclar la masa.
Si no tienes suero de leche, mezcla la leche con el vinagre blanco y déjala reposar 10 minutos, hasta que se vea ligeramente cortada. Si usas suero de leche comercial, mézclalo directamente con el colorante y la vainilla.
Tamiza la harina, el cacao, el polvo de hornear, el bicarbonato y la sal en un tazón. Esto distribuye los impulsores y evita grumos oscuros en la miga.
Bate la mantequilla con el azúcar durante 3 minutos, hasta que la mezcla se vea más pálida y aireada. Añade el aceite y bate hasta integrarlo.
Agrega los huevos uno a uno, batiendo solo hasta que desaparezcan. Incorpora la vainilla y raspa las paredes del tazón para que no queden zonas de mantequilla sin mezclar.
Añade los ingredientes secos en tres adiciones, alternándolos con el suero de leche teñido. Mezcla a velocidad baja o con espátula y detente apenas no veas harina; la masa debe quedar lisa, espesa y de color rojo uniforme.
Reparte la masa entre los moldes y alisa la superficie. Hornea durante 25 a 30 minutos, hasta que el centro recupere ligeramente la forma al tocarlo y un palillo salga con algunas migas húmedas.
Deja los bizcochos 10 minutos dentro de los moldes. Desmóldalos sobre una rejilla y enfríalos por completo antes de preparar el montaje, porque el frosting se derrite sobre una miga caliente.
Bate la mantequilla durante 2 minutos. Añade el queso crema y mezcla hasta suavizar; incorpora el azúcar pulverizada y la vainilla en dos adiciones. Agrega la leche solo si necesitas una cobertura más untable, sin dejarla líquida.
Coloca un bizcocho sobre la base de servir y extiende una capa de frosting. Cubre con el segundo bizcocho y termina con el resto de la cobertura. Refrigera el pastel 20 minutos si necesitas que las capas queden más firmes antes de cortarlo.