Pon las vísceras limpias en una olla con la hoja de laurel, la primera cucharadita de sal y suficiente agua para cubrirlas. Lleva a hervor, retira la espuma y cocina a fuego medio durante 35 a 45 minutos, hasta que estén tiernas. Escúrrelas, conserva 700 ml del caldo y pica las vísceras en trozos pequeños y parejos.
Calienta el aceite en una olla amplia a fuego medio. Sofríe la cebolla larga durante 3 minutos, hasta que se ablande. Añade el ajo, el tomate, el achiote, el comino y la pimienta, y cocina de 6 a 8 minutos, removiendo, hasta obtener un guiso espeso y sin exceso de líquido.
Incorpora las vísceras picadas al hogao y sofríelas durante 3 minutos para que se impregnen de sabor. Agrega el arroz lavado y mezcla durante 1 minuto. Vierte el caldo caliente, añade la segunda medida de sal y cocina destapado a fuego medio hasta que el líquido quede casi al nivel del arroz, unos 8 minutos.
Remueve la sangre de cabro y viértela sobre el arroz. Mezcla con cuidado para distribuirla sin romper demasiado los granos. Cuando vuelva a hervir, tapa la olla, baja el fuego al mínimo y cocina durante 15 minutos, hasta que el arroz esté tierno y el líquido se haya absorbido.
Apaga el fuego y deja reposar la olla tapada durante 10 minutos. Suelta el arroz con un tenedor, prueba la sazón, incorpora el cilantro y sirve caliente.