Mezcla la harina, el azúcar y la sal. Incorpora la mantequilla fría con las yemas de los dedos hasta obtener migas pequeñas. Agrega el huevo y luego el agua, cucharada a cucharada, solo hasta unir la masa. Forma un disco, envuélvelo y refrigéralo durante 1 hora.
Estira la masa sobre una superficie ligeramente enharinada hasta obtener un grosor de unos 3 mm. Forra un molde para pie de 24 cm, ajusta la masa en las esquinas y recorta el exceso. Pincha el fondo con un tenedor y refrigera el molde durante 20 minutos mientras calientas el horno a 180 °C.
Cubre la masa con papel para horno y coloca encima fríjoles o pesos de horneado. Hornea a 180 °C durante 20 minutos. Retira el papel y los pesos, y continúa horneando de 10 a 15 minutos, hasta que los bordes estén dorados y el fondo se vea seco. Deja enfriar por completo.
Calienta la leche hasta que esté caliente pero sin hervir. En una olla, mezcla las yemas, el azúcar y la maicena. Añade la leche poco a poco mientras bates. Cocina a fuego medio, removiendo constantemente, hasta que espese y aparezcan burbujas lentas. Retira del fuego e incorpora el jugo, la ralladura y la mantequilla hasta obtener una crema lisa.
Pasa la crema a un recipiente y cúbrela con plástico en contacto para que no forme piel. Enfríala hasta que esté tibia o fría, remuévela para devolverle suavidad y viértela sobre la base completamente fría. Nivela la superficie y refrigera mientras preparas el merengue.
Coloca las claras y el azúcar en un recipiente resistente al calor sobre una olla con agua apenas hirviendo, sin que el recipiente toque el agua. Remueve hasta que el azúcar se disuelva y la mezcla alcance 60 a 65 °C. Bate a velocidad alta durante 8 a 10 minutos, hasta que el merengue esté brillante, firme y el recipiente se sienta frío.
Extiende o escudilla el merengue sobre la crema pastelera fría, cubriendo hasta los bordes. Dóralo con un soplete o en el horno muy caliente durante 2 o 3 minutos, vigilando para que no se queme. Refrigera el pie al menos 4 horas antes de cortarlo y servirlo.