Lava y seca los limones. Ralla finamente la parte amarilla de la cáscara y reserva una parte para decorar. Exprime los limones. Coloca la crema fría en un bol y bátela hasta que espese ligeramente y deje marcas suaves; no hace falta montarla por completo.
Incorpora la leche condensada y 100 ml de jugo de limón. Bate durante 1 o 2 minutos hasta obtener una crema lisa y más espesa. Prueba y agrega el jugo restante poco a poco si deseas más acidez; la mezcla debe quedar cremosa, no líquida.
Vierte la leche en un recipiente bajo. Pasa cada galleta por la leche durante un instante, sin dejarla sumergida, y acomódala en una sola capa en un molde rectangular de aproximadamente 20 x 20 cm.
Extiende una capa de crema sobre las galletas y repite la secuencia de galletas humedecidas y crema hasta terminar los ingredientes. Procura que la última capa sea de crema y alísala con una espátula para que la ralladura se distribuya de manera uniforme.
Cubre la superficie con la ralladura reservada. Tapa el molde y refrigera durante al menos 4 horas, hasta que la crema esté firme y las galletas se corten con poca resistencia.
Sirve el postre frío en porciones cuadradas. Usa un cuchillo limpio entre cortes para mantener visibles las capas y añade un poco más de ralladura justo antes de llevarlo a la mesa, si lo deseas.