Pon la panela, el agua, la canela y los clavos en una cacerola. Cocina a fuego medio durante 10 a 12 minutos, revolviendo de vez en cuando, hasta que la panela se disuelva y el líquido cubra ligeramente la cuchara. Retira del fuego, incorpora el jugo de limón, cuela y reserva tibia.
Mezcla la harina, el polvo de hornear, el azúcar, la sal y las semillas de anís. Añade el huevo y la mantequilla tibia, integra y vierte el agua poco a poco hasta obtener una masa suave que no se pegue demasiado a las manos.
Amasa durante 4 o 5 minutos, solo hasta que la masa se vea lisa y flexible. Forma una bola, cúbrela y déjala reposar 20 minutos a temperatura ambiente para que sea más fácil estirarla.
Divide la masa en 12 porciones. Estira cada una sobre una mesa ligeramente enharinada hasta obtener un círculo de unos 8 cm y 3 mm de grosor. Haz cortes de 2 cm alrededor del borde, sin llegar al centro, para formar los pliegues.
Calienta el aceite en una olla amplia hasta alcanzar 170 o 175 °C. Si no tienes termómetro, una pequeña porción de masa debe subir y burbujear de manera constante sin dorarse de inmediato.
Fríe los pristiños por tandas, aproximadamente 2 o 3 minutos por lado, hasta que estén inflados y dorados de manera uniforme. No llenes la olla, porque la temperatura bajará y absorberán más aceite.
Retira los pristiños con una espumadera y colócalos sobre una rejilla o papel absorbente. Espera unos minutos para que el exceso de aceite escurra y los bordes se afirmen.
Sirve los pristiños tibios con la miel de panela por encima o aparte. Si la miel se espesó demasiado mientras esperaba, caliéntala a fuego bajo con una cucharada de agua.