Coloca una cazuela de barro ancha, estable y resistente al calor sobre una superficie despejada. Mide el aguardiente y el azúcar, lava los cítricos y retira tiras finas de sus pieles evitando la parte blanca.
Vierte el aguardiente en la cazuela y añade el azúcar, las pieles de limón y naranja y los granos de café. Remueve con un cucharón largo hasta que el azúcar se disperse y quede parcialmente disuelta.
Apaga la luz intensa si lo necesitas para ver la llama, mantén alejados los objetos inflamables y enciende la mezcla con un mechero largo sin inclinarte sobre la cazuela. No agregues líquido después de encenderla.
Remueve suavemente por la superficie y sin golpear el fondo. La llama será más alta al principio; continúa vigilando hasta que baje, el líquido tome un tono dorado y el aroma alcohólico resulte menos punzante.
Apaga la queimada cubriendo por completo la cazuela con una tapa resistente al calor. Espera unos instantes, sirve con cuidado en pequeñas tazas resistentes al calor y consume cuando esté caliente, no hirviendo.