Pon la leche, el coco rallado, los clavos de olor y las ramas de canela en una olla. Cocina a fuego medio-bajo, removiendo con frecuencia, hasta que la leche se reduzca aproximadamente a 850 ml y la superficie se vea ligeramente más espesa, sin dejar que se pegue.
Retira la olla del fuego y cuela la leche para eliminar el coco, los clavos y la canela. Añade la leche condensada y la esencia de vainilla, y mezcla hasta integrar por completo.
Deja que la preparación baje de temperatura hasta quedar fría o apenas tibia. No la lleves caliente al congelador, porque aumentará la formación de cristales y puede afectar la textura.
Vierte la mezcla en una fuente baja de aproximadamente 20 x 20 cm, cúbrela con papel film en contacto y congélala durante 6 horas. Remueve enérgicamente después de la primera hora y una vez más una hora después, raspando los bordes que ya estén firmes.
Deja reposar el queso helado entre 5 y 10 minutos a temperatura ambiente, forma porciones con una cuchara y espolvorea canela molida justo antes de servir.