Haz un corte en cada castaña y escáldalas en agua hirviendo durante 5 minutos. Escúrrelas, deja que se templen lo suficiente para manipularlas y retira la cáscara y la piel interior. Cocínalas con los 400 ml de leche, los 150 g de azúcar, la vainilla y la sal durante unos 20 minutos, hasta que estén muy tiernas. Tritura hasta obtener una crema lisa, mide 300 g para la tarta y deja que se enfríe.
Tritura las galletas hasta obtener migas finas y mézclalas con la mantequilla derretida. La mezcla debe compactarse al presionarla. Cubre el fondo y los bordes de un molde desmontable de 20 cm, presiona con firmeza y refrigera mientras preparas el relleno.
Pon la nata y los 24 g de azúcar en un cazo a fuego medio-bajo. Remueve hasta que el azúcar se disuelva y la nata esté bien caliente, con vapor visible, pero sin que llegue a hervir.
Añade los 300 g de crema de castañas y remueve hasta que la mezcla quede homogénea y vuelva a calentarse de manera uniforme.
Mezcla la leche fría con la cuajada en polvo en un vaso hasta que no queden grumos. Vierte esta mezcla en el cazo mientras remueves continuamente.
Cocina a fuego medio, sin dejar de remover, hasta que aparezcan burbujas grandes y lentas en el centro. Mantén ese hervor durante aproximadamente 1 minuto y retira el cazo del fuego.
Deja reposar la crema 3 o 4 minutos, removiendo una vez para que no se forme una película, y viértela poco a poco sobre la base fría. Si ves burbujas en la superficie, golpéalas suavemente con el molde sobre la encimera protegida.
Deja que la tarta pierda el calor intenso y refrigérala durante al menos 6 horas, preferiblemente toda la noche. Desmóldala cuando esté firme y sírvela fría, con cacao sin azúcar por encima si lo deseas.