Mezcla la harina con ¼ de cucharadita de sal. Añade 60 ml de aceite y 80 ml de agua; une los ingredientes y amasa brevemente, solo hasta obtener una masa uniforme. Forma un disco, cúbrelo y déjalo reposar 25 minutos a temperatura ambiente.
Lava y seca las espinacas y córtalas en tiras. Pica la cebolla finamente. Calienta 10 ml de aceite en una sartén amplia y cocina la cebolla a fuego medio durante 5 a 6 minutos. Añade las espinacas por tandas y saltéalas sin tapar durante 3 a 5 minutos, hasta que no quede líquido acumulado. Pásalas a un plato, escurre cualquier líquido y deja que se entibien al menos 10 minutos.
Precalienta el horno a 180 °C, con calor arriba y abajo. Engrasa un molde metálico de tarta de 24 cm y unos 3 cm de alto con los 5 ml de aceite restantes. Estira la masa entre dos hojas de papel para hornear hasta obtener unos 3 mm de grosor. Forra la base y los lados del molde, recorta el sobrante y pincha la base con un tenedor.
Cubre la masa con papel para hornear y coloca encima pesos de horneado o legumbres secas. Hornea durante 15 minutos en la parte media-baja del horno. Retira con cuidado el papel y los pesos, y hornea 5 minutos más, hasta que la superficie se vea seca.
Bate los huevos con el queso crema, la pimienta, la nuez moscada y el ¼ de cucharadita de sal restante. Incorpora las espinacas y la cebolla ya templadas, junto con 100 g de mozzarella. Reparte el relleno sobre la base precocida y esparce por encima los 50 g de mozzarella restantes.
Hornea a 180 °C durante 30 a 35 minutos, hasta que el queso esté dorado y el centro se mantenga firme, aunque tiemble ligeramente, al mover con suavidad el molde. Si el borde se dora antes que el relleno, protégelo con tiras de papel de aluminio.
Retira la tarta del horno y déjala reposar 15 minutos antes de desmoldarla y cortarla en seis porciones. Sírvela caliente o templada.