Calienta el horno a 175 °C. Engrasa dos moldes redondos de 20 cm, coloca papel para hornear en la base y reserva.
Tamiza la harina, el cacao, el polvo de hornear, el bicarbonato y la sal en un recipiente amplio. Añade el azúcar y mezcla hasta distribuirla de manera uniforme.
En otro recipiente bate los huevos con el aceite, el yogur y la vainilla hasta obtener una mezcla lisa. Incorpórala a los ingredientes secos con una espátula, sin batir de más.
Vierte el agua o café caliente poco a poco mientras mezclas. La masa quedará fluida y brillante; detente cuando no se vean vetas de harina ni grumos secos.
Reparte la masa entre los dos moldes y hornea durante 28 a 32 minutos, hasta que los bordes se separen ligeramente y el centro recupere despacio su forma al tocarlo. Un palillo debe salir con algunas migas húmedas.
Deja los moldes sobre una rejilla durante 15 minutos. Desmolda las capas, retira el papel y enfríalas por completo antes de montar la torta.
Coloca el chocolate picado en un recipiente resistente al calor. Calienta la crema hasta que aparezcan pequeñas burbujas en el borde, viértela sobre el chocolate y espera 2 minutos. Remueve desde el centro hasta formar una crema brillante, añade la mantequilla y mezcla hasta incorporarla.
Deja reposar la ganache a temperatura ambiente hasta que tenga textura de crema espesa y se pueda extender. Si permanece muy líquida, refrigérala en intervalos de 10 minutos, removiendo entre cada uno.
Coloca una capa de bizcocho en el plato de servicio, extiende aproximadamente un tercio de la ganache y cubre con la segunda capa. Usa el resto para cubrir la superficie y los lados, dejando una terminación lisa o con ondas suaves.
Refrigera la torta durante 30 minutos para afirmar la cobertura. Déjala a temperatura ambiente durante 30 minutos antes de cortar para que la miga y la ganache estén suaves.