Precalienta el horno a 180 °C. Cubre una bandeja con papel para hornear. Mezcla en un recipiente el almidón de achira tamizado, el polvo de hornear y la sal.
Agrega la mantequilla y frótala con los dedos hasta obtener una mezcla de textura arenosa. Incorpora el queso rallado y mézclalo de manera uniforme.
Añade la yema y mezcla. Vierte la leche poco a poco mientras amasas, solo hasta obtener una masa suave, compacta y no pegajosa; es posible que no necesites usarla toda.
Cubre la masa y déjala reposar 15 minutos a temperatura ambiente. Este descanso permite que el almidón se hidrate y facilita el formado.
Divide la masa en 24 porciones de 8 a 10 g. Forma cilindros cortos y ligeramente ovalados, de unos 4 cm de largo, y aplánalos apenas. Colócalos en la bandeja dejando espacio entre cada pieza.
Hornea durante 15 a 18 minutos, hasta que las achiras estén firmes, secas y apenas doradas en los bordes. No esperes un color muy oscuro, porque se endurecerían.
Retira la bandeja y deja que las achiras se enfríen por completo antes de moverlas o guardarlas. Al enfriarse terminarán de adquirir su textura crujiente.