Si la remolacha no está lista, ásala o cuécela hasta que pueda atravesarse fácilmente con un cuchillo. Déjala enfriar, pésala y tritúrala hasta obtener 125 g de puré espeso y sin trozos grandes.
Precalienta el horno a 180 °C con calor arriba y abajo. Engrasa un molde redondo de 20 cm y cubre la base con papel de horno.
Tamiza la harina de avena, el cacao, la levadura química y la sal en un bol. Así se distribuyen mejor y no quedan bolsas de cacao en la masa.
Bate el azúcar con el aceite durante 1 minuto, hasta que la mezcla se vea uniforme. Añade el huevo, la clara y la vainilla, y bate solo hasta integrarlos.
Agrega el puré de remolacha y mezcla hasta que la preparación tenga un color homogéneo, sin vetas rojas ni grumos visibles.
Añade los ingredientes secos en dos tandas y mezcla con una espátula hasta que desaparezca la harina. La masa debe quedar espesa, lisa y brillante; evita batirla de más.
Vierte la masa en el molde y alisa la superficie. Hornea durante 32 a 38 minutos, hasta que la superficie esté firme y un palillo insertado en el centro salga con algunas migas húmedas, pero sin masa líquida. Si se dora demasiado pronto, cúbrela sin apretar con papel de aluminio.
Deja reposar el bizcocho 10 minutos dentro del molde. Desmóldalo sobre una rejilla y espera a que se enfríe por completo antes de cortarlo, para que la miga termine de asentarse.