Rompe el coco, retira la pulpa y elimina el hollejo marrón. Pesa 300 g de pulpa y reserva el agua de coco; si no llega a 120 ml, completa con agua fría.
Mezcla 500 ml de leche fría con la maicena hasta disolverla. Añade la leche condensada y lleva a fuego medio, removiendo constantemente, hasta que espese y cubra la cuchara sin llegar a solidificarse.
Licúa la pulpa de coco con el agua de coco y cuela la mezcla con un colador fino, presionando la pulpa para extraer el líquido. Reserva 2 cucharadas de la pulpa licuada para añadir textura al final.
En la licuadora limpia coloca la base de maicena, los 250 ml de leche restantes, el líquido de coco, el azúcar, la vainilla y la esencia de coco. Licúa hasta obtener una mezcla uniforme y prueba el dulzor.
Incorpora las 2 cucharadas de pulpa reservada y mezcla brevemente. La preparación debe quedar fluida, ligeramente espesa y sin grumos grandes.
Pasa la mezcla a una jarra y déjala enfriar hasta que ya no esté caliente. Llena las bolsas hasta tres cuartas partes, expulsa el aire, haz un nudo firme y colócalas extendidas en el congelador.
Congela los bolis durante al menos 8 horas, hasta que estén firmes también en el centro.