Pela la yuca, lávala y rállala por el lado fino. Coloca la pulpa en un paño de cocina limpio y exprímela con fuerza sobre un recipiente hasta retirar la mayor cantidad posible de líquido. Desmenuza la pulpa y vuelve a presionarla si todavía se siente muy húmeda.
Extiende la pulpa exprimida sobre una bandeja y déjala reposar 30 minutos para que pierda humedad. Pásala por un colador o tamiz, retira las fibras gruesas y mezcla la sal si vas a utilizarla.
Calienta un comal o una sartén de fondo grueso a fuego medio-bajo. Divide la pulpa en seis porciones y coloca una sobre la superficie caliente. Extiéndela y presiónala con una espátula hasta formar un disco de unos 15 cm de diámetro y 3 a 4 mm de grosor.
Cocina cada disco durante 8 a 10 minutos por el primer lado. Cuando la superficie se vea seca, los bordes se despeguen y el disco pueda levantarse sin deformarse, voltéalo y cocínalo otros 6 a 8 minutos. Si la base toma color demasiado rápido, baja el fuego.
Pasa cada disco a una rejilla y déjalo enfriar por completo, sin apilarlo. Debe quedar seco, firme y crujiente, sin una zona húmeda en el centro. Sírvelo entero o pártelo en trozos.