Mezcla las galletas trituradas con la mantequilla derretida hasta obtener una textura de arena húmeda. Cubre el fondo de un molde desmontable de 22 cm con papel de hornear y presiona la mezcla formando una capa compacta y pareja.
Lleva el molde al congelador durante 15 minutos, hasta que la base esté firme al tocarla. Mientras tanto, prepara el puré de mango y pesa por separado los 100 g destinados a la cobertura.
Bate el queso crema con el azúcar pulverizada hasta obtener una crema lisa, sin grumos. Incorpora 300 g de puré de mango y mezcla hasta que el color sea uniforme.
Mezcla los 14 g de gelatina con los 60 ml de agua caliente y remueve hasta que no queden partículas visibles. Añade dos o tres cucharadas de la mezcla de mango para templarla y luego intégrala al relleno.
Bate la crema de leche fría hasta que forme picos suaves y conserve brillo. Incorpórala al relleno con una espátula, mediante movimientos envolventes, hasta que no se vean vetas blancas.
Vierte el relleno sobre la base fría y alisa la superficie. Refrigera durante al menos 6 horas, hasta que el centro esté firme y no se mueva como líquido al balancear suavemente el molde.
Disuelve los 5 g de gelatina en los 30 ml de agua caliente. Mézclala con los 100 g de puré de mango reservado y deja que la preparación se temple unos minutos, sin permitir que empiece a cuajar.
Vierte la cobertura sobre el cheesecake ya cuajado y refrigera durante 30 minutos más. Desmolda pasando una espátula fina por el borde y corta con un cuchillo limpio ligeramente tibio.