Bate la mantequilla blanda con el azúcar flor durante 2 a 3 minutos, hasta obtener una mezcla pálida y cremosa. Agrega la vainilla y la ralladura de limón.
Añade los huevos y las yemas de uno en uno, mezclando después de cada adición hasta que no queden vetas líquidas. Si la mezcla parece ligeramente cortada, continúa con el siguiente paso y se integrará al añadir la harina.
Tamiza la harina con los polvos de hornear y la sal. Incorpórala en dos o tres tandas, mezclando solo hasta formar una masa uniforme, suave y apenas blanda, sin partes secas.
Forma un disco, envuélvelo y refrigéralo durante 2 horas. La masa debe quedar firme al tacto, pero todavía poder estirarse sin romperse.
Divide la masa en porciones y estira cada una sobre una superficie ligeramente enharinada hasta alcanzar unos 5 mm de grosor. Corta las galletas con un molde y pásalas a una bandeja con papel para hornear. Refrigera las piezas cortadas durante 10 minutos.
Precalienta el horno a 180 °C. Hornea las galletas durante 10 a 14 minutos, según su tamaño, hasta que los bordes estén apenas dorados y la superficie permanezca clara. Déjalas reposar 5 minutos en la bandeja y luego pásalas a una rejilla para que se enfríen por completo.
Derrite el chocolate troceado al baño María suave o en el microondas en intervalos de 20 segundos, mezclando entre cada intervalo hasta que esté liso y fluido. Evita que entre agua en el recipiente.
Sumerge cada galleta hasta la mitad en el chocolate y deja escurrir el exceso. Colócalas sobre papel para hornear y espera hasta que la cobertura esté firme antes de servir o guardar.