Bate los 110 g de mantequilla con el azúcar durante 2 o 3 minutos, hasta que la mezcla se vea cremosa. Incorpora el huevo y mezcla solo hasta integrarlo; evita batir en exceso para no añadir aire innecesario.
Mezcla la harina, el cacao, la sal y el bicarbonato en otro recipiente. Añádelos a la mezcla de mantequilla en dos tandas y une con una espátula hasta que no queden zonas secas. La masa debe quedar compacta y suave, no líquida.
Forma un disco, envuélvelo y refrigéralo durante 30 minutos. El frío hará que la mantequilla se afirme y facilitará extender la masa sin que se pegue.
Extiende la masa entre dos hojas de papel para hornear hasta obtener unos 4 mm de grosor. Corta círculos de aproximadamente 6 cm, retira los sobrantes y coloca los discos sobre una bandeja forrada. Refrigéralos 10 minutos antes de hornear.
Precalienta el horno a 175 °C. Hornea los discos durante 10 a 12 minutos, hasta que los bordes estén firmes y el centro deje de verse brillante. Déjalos 5 minutos en la bandeja y luego pásalos a una rejilla para que se enfríen por completo.
Bate los 60 g de mantequilla durante 2 minutos, hasta que esté lisa. Agrega poco a poco el azúcar glas y la vainilla, y bate hasta obtener una crema uniforme, pálida y untable.
Coloca una porción de crema en la parte plana de una tapa fría. Cubre con otra tapa y presiona suavemente hasta distribuir el relleno sin que rebose. Repite con el resto de las galletas.