Precalienta el horno a 190 °C y cubre una bandeja con papel para hornear. El horno debe estar completamente caliente para que las garullas formen una superficie dorada sin secarse antes de tiempo.
Bate la mantequilla blanda con el azúcar hasta obtener una mezcla cremosa. Incorpora el huevo y mezcla hasta que no queden vetas líquidas; si la mantequilla está muy fría, la mezcla puede verse cortada, pero se integrará al añadir la harina.
Agrega la harina de maíz, el polvo de hornear, la sal y la cuajada. Vierte la leche poco a poco mientras amasas hasta obtener una masa suave, compacta y apenas húmeda. No la trabajes más de lo necesario, porque el exceso de manipulación endurece el resultado.
Cubre la masa y déjala reposar 20 minutos a temperatura ambiente. Al terminar debe poder compactarse sin pegarse a las manos; si se agrieta, incorpora leche de a una cucharadita.
Divide la masa en diez porciones iguales, forma bolas y aplánalas hasta obtener discos gruesos de unos 2 cm. Colócalos en la bandeja con espacio entre ellos y alisa las grietas de los bordes con los dedos húmedos.
Hornea durante 22 a 27 minutos, hasta que las garullas estén firmes, doradas en los bordes y ligeramente coloreadas en la base. Gira la bandeja a mitad de cocción solo si tu horno dora de manera desigual.
Retira la bandeja y deja reposar las garullas 10 minutos antes de moverlas. Ese descanso permite que la miga se afirme y evita que se rompan al servirlas.