Mezcla el ajo, el comino, el achiote, la sal, la pimienta y el jugo de naranja. Frota la mezcla sobre la carne, procurando que entre en los cortes y evitando cubrir en exceso la piel. Añade la cebolla, el laurel y 120 ml de cerveza, tapa y deja reposar 30 minutos en el refrigerador.
Precalienta el horno a 220 °C. Coloca la cebolla y el laurel en una bandeja profunda, acomoda encima el cerdo con la piel hacia arriba y vierte alrededor la marinada junto con el resto de la cerveza. La piel debe quedar fuera del líquido para que pueda dorarse.
Hornea a 220 °C durante 25 minutos, hasta que la piel comience a tomar color y la grasa se vea brillante. Vigila la bandeja para que los jugos no se quemen; si se secan demasiado, añade un poco de agua caliente.
Baja la temperatura a 160 °C y continúa el horneado durante 3 horas y 30 minutos, bañando la carne con los jugos cada 45 minutos. La pieza está lista cuando una brocheta entra con poca resistencia en la parte más gruesa y la carne empieza a separarse en fibras.
Si la piel aún no está dorada, sube el horno a 220 °C durante 10 o 15 minutos finales, sin perderla de vista. Retira el cerdo, cúbrelo sin apretar con papel de aluminio y déjalo reposar 20 minutos antes de cortar.
Cuela los jugos de la bandeja, retira el exceso de grasa si lo deseas y corta el hornado en tajadas gruesas o trozos grandes. Sirve caliente con el jugo reservado y los acompañamientos elegidos.