Mezcla la leche tibia con la levadura y 15 g del azúcar de la masa. Deja reposar 10 a 15 minutos, hasta que aparezca una capa de espuma; si no se activa, revisa la temperatura de la leche y la frescura de la levadura.
Mezcla la harina, el azúcar restante y la sal en un recipiente grande. Haz un hueco y añade la mezcla de levadura, los huevos y la vainilla. Integra hasta obtener una masa irregular, sin bolsas de harina.
Amasa durante 8 minutos y agrega los 110 g de mantequilla blanda en varias porciones. Continúa amasando de 12 a 15 minutos, hasta que la masa esté lisa, elástica y ligeramente pegajosa; evita corregirla con grandes cantidades de harina.
Engrasa el recipiente con el aceite, coloca dentro la masa y cúbrela. Déjala reposar en un lugar templado de 50 a 60 minutos, o hasta que duplique su volumen y la huella de un dedo vuelva lentamente.
Mezcla la harina, el azúcar glas y los 110 g de mantequilla hasta formar una pasta uniforme. Divide la pasta si deseas combinar colores; añade la cocoa a una parte o incorpora el colorante en gel. Cubre y refrigera 15 minutos, hasta que pueda estirarse sin pegarse.
Poncha suavemente la masa para retirar el exceso de gas y divídela en 20 porciones iguales. Forma bolas tensas y colócalas en los capacillos dentro de un molde para cupcakes, dejando espacio entre ellas.
Estira porciones de la pasta de azúcar y corta círculos apenas más grandes que las bolas de masa. Coloca un círculo sobre cada pieza, presiona con suavidad y marca el dibujo de concha sin atravesar la cubierta.
Cubre el molde y deja reposar las piezas entre 25 y 30 minutos, hasta que se vean infladas y la masa recupere lentamente la forma al tocarla. Este reposo ayuda a que la costra permanezca adherida.
Precalienta el horno a 180 °C. Hornea las manteconchas durante 16 a 20 minutos, hasta que estén infladas, la costra se vea seca y los bordes comiencen a dorarse. No esperes que toda la superficie quede muy oscura.
Deja reposar las manteconchas 10 minutos en el molde y pásalas a una rejilla. Sírvelas tibias o completamente frías para que la miga termine de asentarse.