Pon la harina de fuerza y la harina integral en un bol amplio y mézclalas para distribuir bien el salvado.
Disuelve la levadura fresca en 180 ml de agua templada. El agua debe estar tibia, no caliente, para no debilitar la levadura.
Vierte la levadura disuelta sobre las harinas y añade el huevo, el aceite y la sal. Mezcla hasta que no queden zonas secas; agrega poco a poco el agua restante solo si la masa se siente demasiado firme.
Amasa durante 10 minutos a mano o con amasadora hasta obtener una masa flexible, lisa y ligeramente pegajosa. Forma una bola, cúbrela y déjala fermentar entre 75 y 90 minutos, hasta que aumente claramente de volumen.
Pasa la masa a la mesa ligeramente enharinada, presiónala suavemente para retirar el exceso de gas y pliégala varias veces. Forma una bola tensa sin desgarrar la superficie.
Coloca la masa sobre una bandeja con papel de horno, cúbrela y déjala reposar entre 40 y 50 minutos. Estará lista cuando se vea inflada y la huella de un dedo vuelva lentamente.
Precalienta el horno a 210 °C con calor arriba y abajo. Coloca una bandeja resistente en la parte baja, introduce el pan con un corte en forma de cruz y vierte agua caliente en la bandeja inferior. Hornea durante 30 minutos, retirando el recipiente de agua después de los primeros 10 minutos si la corteza se dora demasiado.
Pasa el pan a una rejilla y déjalo enfriar por completo, al menos 45 minutos, antes de cortarlo. La base debe sonar hueca al golpearla suavemente y la corteza debe estar dorada.