Vierte la leche en una olla ancha y de fondo grueso. Caliéntala a fuego medio hasta que esté muy caliente y desprenda vapor, pero sin dejar que hierva de forma intensa. Baja el fuego al mínimo y espera a que se forme una película visible en la superficie.
Desliza una espumadera ancha por debajo de la película, levántala con cuidado y deja escurrir el exceso de leche. Pasa la nata a una fuente amplia. Mantén la leche a fuego bajo y repite la operación cada 8 a 10 minutos, cuando aparezca una nueva capa, hasta recoger la mayor parte de las natas, aproximadamente durante 50 minutos.
Mientras se forman las últimas natas, pon en una cacerola pequeña el azúcar, el agua y la rama de canela. Cocina a fuego medio durante 6 a 8 minutos, hasta que el azúcar se disuelva y el líquido tenga una consistencia ligeramente más espesa que el agua, sin llegar a un caramelo. Retira del fuego, incorpora la vainilla y el jugo de limón y deja enfriar 10 minutos.
Vierte una cucharada de almíbar en el fondo de una fuente de aproximadamente 20 x 15 cm. Acomoda una capa de natas, añade un poco más de almíbar y continúa alternando hasta terminar. Reparte el almíbar restante por encima sin presionar las capas.
Cubre la fuente y refrigera el postre durante al menos 4 horas. Estará listo cuando las capas se sientan frías, húmedas y tiernas, sin líquido lechoso acumulado en el fondo. Sirve frío.