Precalienta el horno a 180 °C. Engrasa y enharina un molde de 22 cm. Bate la mantequilla blanda con el azúcar durante 3 a 4 minutos, hasta que la mezcla esté más pálida y aireada; si la mantequilla está derretida, el queque quedará compacto.
Añade los huevos de uno en uno y bate solo hasta integrarlos antes de agregar el siguiente. Incorpora la vainilla y la ralladura, raspando las paredes del recipiente para que no queden zonas sin mezclar.
Mezcla la harina cernida con el polvo de hornear. Incorpora un tercio de los secos, luego la mitad de la leche, y repite terminando con harina. Remueve a velocidad baja o con espátula solo hasta obtener una masa lisa, sin batir de más.
Vierte la masa en el molde y alisa la superficie. Hornea en la rejilla central durante 35 a 40 minutos, hasta que el centro recupere su forma al presionarlo suavemente y un palillo salga limpio o con algunas migas tiernas.
Deja reposar el queque 10 minutos dentro del molde, desmóldalo sobre una rejilla y espera a que se enfríe por completo. Mezcla el azúcar glass con el agua, agregando esta última de a poco, hasta obtener un glaseado espeso que caiga lentamente de la cuchara.
Extiende el glaseado sobre el queque frío y termina con las virutas de colores o de chocolate. Espera unos minutos para que la superficie se asiente antes de cortar, así las rebanadas quedan limpias.