Pela los tomates, retira el corazón y las semillas más abundantes, y pícalos en trozos pequeños. Pica también la cebolla para que se integre con facilidad durante la cocción.
Pon en una cazuela baja el aceite de oliva, la cebolla, los tomates, el azúcar moreno, el vinagre balsámico y la sal. Remueve hasta distribuir bien los ingredientes.
Cocina a fuego bajo y sin tapa durante 60 a 75 minutos, removiendo cada 8 o 10 minutos. La mezcla debe burbujear suavemente, la cebolla debe quedar muy tierna y los tomates prácticamente deshechos.
Comprueba el punto colocando una cucharada en un plato frío. La salsa está lista cuando baja despacio al inclinarlo y no suelta líquido alrededor; si aún está aguada, continúa la reducción unos minutos.
Prueba la salsa y ajusta la sal o el dulzor solo si hace falta. Déjala reposar 10 minutos antes de servirla para que se asiente y espese ligeramente.