Seca los solomillos con papel de cocina y sazónalos con la mitad de la sal y de la pimienta.
Calienta la mitad del aceite en una sartén amplia a fuego medio-alto. Dora los solomillos durante 2 o 3 minutos por cada lado, hasta que estén dorados por fuera. Retíralos y resérvalos en un plato.
Baja el fuego a medio, añade el aceite restante y sofríe la cebolla durante 6 u 8 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que esté blanda y ligeramente dorada.
Vierte el vino blanco y raspa el fondo de la sartén para desprender los jugos dorados. Cocina durante unos 4 minutos, hasta que el líquido se reduzca aproximadamente a la mitad y ya no huela a alcohol crudo.
Incorpora el caldo caliente y el concentrado de carne, si lo usas. Remueve y deja hervir suavemente durante 3 minutos. Añade la crema de leche y mezcla hasta obtener una salsa uniforme.
Devuelve los solomillos a la sartén junto con los jugos que hayan soltado. Tapa parcialmente y cocina a fuego medio-bajo durante 10 u 12 minutos, dándoles la vuelta una vez, hasta que estén completamente cocidos. Si utilizas un termómetro, el centro debe alcanzar 74 °C; la salsa debe cubrir el dorso de una cuchara.
Apaga el fuego y deja reposar la carne durante 5 minutos. Córtala en rodajas, prueba la salsa y ajusta la sal y la pimienta antes de servir.