Pica el chocolate en trozos pequeños y resérvalo para que se funda de manera rápida y uniforme.
Separa aproximadamente 250 ml de la leche fría y disuelve allí los dos sobres de cuajada con unas varillas hasta que no queden grumos.
Vierte los 750 ml de leche restantes en un cazo junto con el azúcar y calienta a fuego medio hasta que esté caliente, sin necesidad de que hierva.
Añade el chocolate picado y remueve con unas varillas hasta que se derrita por completo y la mezcla quede oscura, lisa y brillante.
Incorpora la leche con cuajada y remueve continuamente. Cocina hasta que la preparación llegue a un hervor suave y espese ligeramente, evitando que se pegue al fondo.
Tritura las galletas hasta obtener migas finas. Mézclalas con los 100 g de mantequilla derretida hasta formar una pasta húmeda que se compacte al presionarla.
Engrasa un molde desmontable de 22 cm con los 10 g de mantequilla. Distribuye la mezcla de galletas y presiónala con el fondo de un vaso hasta formar una capa uniforme, especialmente en los bordes.
Deja reposar la crema de chocolate unos minutos, removiendo para que conserve una textura lisa, y viértela sobre la base sin desplazar las migas.
Deja que la tarta pierda el calor a temperatura ambiente. Cúbrela cuando esté fría y refrigérala durante al menos 6 horas, preferiblemente de un día para otro, hasta que el centro esté firme al tocarlo.
Pasa un cuchillo fino por los bordes, retira el aro y termina con el crocante de frutos secos. Si lo prefieres, usa galletas trituradas como decoración.