Forra la base de un molde desmontable de 20 cm con papel vegetal. Tritura las galletas, mézclalas con la mantequilla derretida y presiona la mezcla de forma uniforme en el fondo. Refrigera durante 30 minutos, hasta que la base esté firme al tacto.
Pon la gelatina en el agua fría y déjala reposar durante 10 minutos, hasta que absorba el líquido y forme una pasta blanda.
Calienta la nata con el azúcar a fuego medio-bajo, removiendo hasta que el azúcar se disuelva y la mezcla esté caliente, pero sin hervir. Retira del fuego, añade la gelatina hidratada y remueve hasta que no queden grumos.
Mezcla el yogur griego con las grosellas trituradas. Deja templar la mezcla de nata durante unos minutos y agrégala poco a poco al yogur, removiendo hasta obtener un relleno liso y de color uniforme.
Vierte el relleno sobre la base fría y refrigera durante al menos 4 horas, hasta que el centro tiemble ligeramente, pero no se vea líquido.
Desmolda la tarta ya cuajada. Distribuye las fresas, el kiwi y el melocotón sobre la superficie. Mezcla la mermelada con el almíbar, calienta unos segundos hasta volverla fluida y pincela la fruta con una capa fina antes de servir.